Afortunadamente la lectura sigue siendo el lugar al que retirarse de un mundo insano...
Los Cuentos de Pratt
(Historias que no son cuento...)

El Libro de Caras


EL LIBRO DE CARAS


Aldo se sentó en el asiento del acompañante, su sobrino insistía en conocer un camino mas sencillo para llegar a Trelew ant
es de mediodía. Sin mucha fé dejó que tomara el viejo camino de ripio sin advertir que aquella decisión le cambiaría la vida para siempre.
En la caja de la camioneta viajaban sus otros sobrinos, su tía Marta y los dos tíos; a último momento Marita decidió ir con ellos en la cabina. El viento era suave a esa hora por lo que se podía viajar con las ventanillas abiertas.
Aldo miraba el paisaje árido de la Patagonia con ojos ávidos... acostumbrado al kayac y a los ríos de la mesopotamia, (que conocía y amaba tanto) aquella sequedad lo asombraba. A lo lejos se veía el azul casi infinito del mar. La voz de Marita no lo dejaba disfrutar cuanto hubiese deseado.
Un ruido ensordecedor y la violenta pérdida de equilibrio en sus oídos le hicieron reaccionar en forma refleja, con  su brazo protegió a su pequeña sobrina mientras la camioneta daba tumbos y vueltas barranca abajo.
Despertó una semana después en una cama, miró a su alre
dedor y comprendió que estaba en un hospital, miró su cuerpo que se insinuaba debajo de la sábana y a su brazo derecho en el que había una sonda conectada a un frasco de suero. A la primera enfermera que se acercó le preguntó por sus familiares; la mujer lo tranquilizó diciéndole que estaban todos bien, que el mas golpeado era él.
- Qué tengo?... algún hueso roto?. Preguntó inquieto.
La enfermera le desvió la mirada y le respondió:
- Ya le comunicará el doctor su diagnóstico, viene en una hora... y sin mas se perdió por el pasillo.

Se miró detenidamente y no sentía ningún dolor. “no debo estar tan mal” pensó... en ese momento intentó mover el pié derecho que asomaba por debajo de la sábana.
Un sudor helado y una sensación de miedo visceral le embotó los sentidos cuando el pié no le respondió, ni el otro, ni sus brazos... la impresión lo venció.
Dos años después la lesión en su médula producto del ac
cidente solo le había permitido (y a costo de un terrible esfuerzo) recuperar la movilidad del brazo derecho y tres dedos de esa mano y un poco de la movilidad del brazo izquierdo pero ninguno de sus dedos... el resto del cuerpo ya le era ajeno para siempre.
Pasó por todos los estados de ánimo previsibles, incluso se hubiera suicidado si ello hubiera estado a su alcance, pero no podía moverse por sí mismo y solo podía ocupar una silla de ruedas si alguien lo subía a ella.
Su novia fue la primera en desaparecer de su vida. No la culpaba, ella era joven y tenía derecho a vivir una vida normal. Luego los amigos fueron raleando las visitas a la clínica especializada don
de se recuperaba. Al cabo de tres años solo uno o dos lo visitaban.
La depresión lo estaba matando de a poco. De aquel deportista que corría diez kilómetros todas las mañanas y que había bajado el Paraná y el Uruguay en solitario cuando aún no estaban de moda los kayac quedaba muy poco.
Hasta que llegó Cecilia.
La nueva enfermera era todo sonrisas y
retos, si no quería hacer los ejercicios, ella lo obligaba... si se negaba a comer, ella le preparaba las comidas que le gustaban y se la daba sentada junto a su cama.
Fue ella quien lo convenció de pintar cuando él le cont
aba con vívidos detalles la belleza de los ríos que conocía tan bien. Pronto sus pinturas se fueron perfeccionando tanto como su pericia con los pinceles y la poca movilidad no fue un problema. Pronto los pasillos de la clínica y algunos livings de médicos lucían sus pinturas.
Cecilia siempre estaba allí, alentándolo con sus palabras y dándole esperanzas. Un día le trajo una notebook especial
mente adaptada para personas como él... y fue allí que Aldo volvió al mundo.
Hizo lo que todos, al principio navegó horas y horas por páginas de lo mas variopintas, se empachó de cuanta película le comentaban y hasta armó un blog con sus pinturas por consejo de la enfermera.
Pero el gran cambio se produjo cuando descub
rió Facebook. Al principio  tenía algunos poquitos amigos con los que se podía comunicar a diario... de pronto fue recibiendo pedidos de amistad de personas que no conocía, pero que sin embargo llegaban a él a través de amigos de amigos... como a todos en Facebook.
Pero aún otro gran cambio lo aguardaba. Consiguió
a través de algunos amigos del face que se dedicaban a la política que le otorgaran una pensión con la cual podía seguir su vida (y tratamiento) en su casa de  El Cazador, un barrio cercano a la ciudad de Buenos Aires y que tenía un bello río de los que él amaba... pero necesitaba una enfermera full time que cuidara de él... Cecilia se instaló en su casa y pronto algo muy, muy parecido al amor nació entre paciente y terapeuta.
También ayudaron sus nuevos amigos del Libro de Caras, como a él le gustaba llamarlo... allí estaba Marga, una ruda ex policía que lo trataba sin contemplaciones pero con infinito afecto... o se r
eía con las historias de Silvana; se sorprendía de conocer detalles de la vida de Gloria o Macarena, dos españolas que hablaban con él a diario y admiraban sus pinturas. Discutía temas bizarros con Gustavo o Dylan, recordaba sus buenos tiempos de kayakista con Andrea, quien le mandaba fotos de aquellos recodos del río que convertía en cuadros que Cecilia vendía,  y le permitían vivir con el decoro y el orgullo de quien se gana la vida. Tenía amigos como Daniel o Mauro que lo distraían con historias de lugares y cosas que él nunca hubiera imaginado... o personas como Susana o Betty que lo confortaban desde lo espiritual...
Sus días se iban suavizando mas y mas hasta que se sorprendió dándose cuenta que ahora tenía muchos ma
s amigos y se comunicaba con muchísima mas gente que cuando estaba sano. Ese medio de comunicación que empezó como un juego entre estudiantes de una Universidad americana le permitía hoy a él interactuar con mas gente de la que había conocido en su vida.
También se reencontró con viejos amigos y conocidos que creía perdidos para siempre en sus recuerdos. Estableció contactos con otros pintores que le daban secretos y técnicas... pronto sus días (tan vacíos y eternos antes...) tenían una agenda completa, al punto de recibir mas de un rezongo de Cecilia...

Una mañana en que estaba escribiendole una frase de aliento a un nuevo amigo de Facebook que padecía una lesión como la de él, vió el reflejo de su rostro en la pantalla...
Y sonrió.

Que lejos estaban ahora los días en que compadeciéndose de sí mismo quería terminar con su vida... cuántos amigos insospechados tenía ahora, de los que conocía mas detalles de sus vidas que de la de su propio hermano; como la vida le había puesto delante a la bella Cecilia, la que amaba profundamente, como había descubierto que los hermosos lugares que conoció cuando navegaba en su kayac ahora podían alegrar la vista de otras personas a través de sus pinturas.
Volvió a mirar su reflejo en la pantalla.
Y fue feliz, mientras pensaba una respuesta ingeniosa al contrapunto intelectual que tenía esa mañana con Gilda...

                                                                                          
                                   
                         
                      




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