Afortunadamente la lectura sigue siendo el lugar al que retirarse de un mundo insano...
Los Cuentos de Pratt
(Historias que no son cuento...)

Rakshasa (Sandman II)

                                           

                   Dedicado a Daniel, Alejandra e Ignacio, que me pusieron tras la pista de esta increíble historia
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Nueva Atlantis, Costa Bonaerense Argentina

Invierno de 2007

 

Isidro Guastavi salió del único almacén que estaba abierto a esa hora con los cuatro tetrabrick de vino barato y el fiambre para la cena, estaba contento por un trabajo que había conseguido y que le permitiría estirar los recursos hasta fin de mes; por aquel trabajo de pintura le habían dado un adelanto y esta noche sería de festejo, ya tenía leña que había juntado en los bosquecitos de los alrededores y bastantes piñas como para un buen fuego en la salamandra, y el vino le prometía hacerle olvidar un poco su penosa vida, sus fracasos y su soledad. Llegó cansado a la casilla que había construido al fondo de la calle Olmos, a pasitos de Newton, justo en el límite entre Nueva Atlantis y el medanal interminable de la costa bonaerense. Allí vivía solo, sin más compañía que un perro flaco que por las noches solía recorrer la playa buscando despojos de peces y otros alimentos que a veces el mar le regalaba.

La miseria les afinaba la cintura a ambos, y en este particularmente frío invierno la cosa era seria.

Luego de comer el fiambre y en la tercera caja de vino, Isidro empezó a cabecear de sueño, afuera el viento silbaba entre los árboles y en la ventana de la casilla nada se veía, empañada por la humedad y el calor de la salamandra. Un sonido lo sacó de la modorra, creyó escuchar un grito de su perro, no un ladrido ni un aullido, más bien un grito como cuando él lo pateaba cuando le robaba la comida de la fiambrera. Prestó atención pero nada más oyó, solo el sonido del viento y a veces de las olas, ya que estaba cerca del mar. Pensó que quizá se hubiera encontrado con otro perro cuando escuchó el ruido del portón de lata de su terreno, alguien lo había abierto, ya que el pasador solo podía correrlo una persona... miró la hora en el viejo despertador, las once de la noche. Quién podría ser a esa hora?, precavido, sacó del cajón el revólver .32 que tenía para su defensa y con un trapo limpió un poco el vidrio, para poder ver hacia afuera.

La figura de una mujer vieja se entreveía apenas a la luz vacilante de la bombilla de luz que tenía sobre la puerta.

  • Mamá?, preguntó casi en un grito Isidro, sorprendido y sin poder entender lo que veía... sos vos?, pero....

  • Abrime Isidro, que hace frío acá afuera...

  • Pero, mamá, como es posible...? vos....

Isidro tenía sesenta años, y su madre había muerto hacía ya más de veinte... pensó entonces que el vino le estaba haciendo ver cosas... sin embargo esa voz era tan conocida... y las facciones de la mujer que veía parada en la puerta eran las de su madre, indudablemente...

  • Esperá mamá, ya te abro, esperá...

  • Dale Isidro, que acá hace mucho frío... dejame entrar...

Sin soltar el arma Isidro descorrió el pasador y abrió la puerta de la casilla.

Allí afuera estaba su madre, que estiraba los brazos, sonriente, para abrazarlo...

  • Apartá el revólver Isidro, que me estás haciendo asustar...

  • Perdoná, le contestó Isidro dejando el arma sobre una caja que había en el piso...

  • Vení hijito, que quiero darte un abrazo....

Cuando ya sentía el abrazo cálido de su madre, Isidro vió a su perro, destrozado, tendido a un costado del portoncito... sorprendido, volteó a ver el rostro de su madre, que lo abrazaba ya... pero no fué a ella a quien vió.

 

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Los Molles, 11 km. Al sur de Merlo, Pcia. De San Luis, Argentina

 

Ignacio Diaz había terminado de apilar la leña de espinillo que había podido encontrar por el campo, contra una de las paredes del solitario rancho.
La aridez del lugar hacía escasa la vegetación y cada vez le costaba más trabajo conseguir leña para calentarse, además era bastante trabajo hacer que el improvisado sidecar que le había agregado a su motocicleta se quedara lo bastante quieto durante la marcha, como para no desparramar la leña que era cada vez más escasa.
Temblaba de frío cuando encendió la cocina económica y dispuso el agua para un café caliente. Como todos los días, abrió la notebook y comenzó a revisar las noticias con detenimiento. Sus ojos repasaban mecánicamente todas esas informaciones bizarras que solían encontrarse en portales poco conocidos... en un momento leyó la noticia de un solitario pintor que había sido hallado muerto en un balneario de la costa en circunstancias poco claras, interesado, abrió la página donde encontró abundantes fotografías del lugar y de lo que quedaba del pobre muerto.
En una de ellas de veía uno de los brazos del hombre donde destacaba una nítida y visible mordida. En ese instante las pupilas de Ignacio se dilataron completamente y su rostro adquirió la expresión de la piedra.

Imprimió la noticia, las fotos y también un plano de Nueva Atlantis, que era el lugar de los sucesos. Preparó la cena y luego armó la mochila, también el resto de su equipo.

                                                             

Le demandó un día y medio el viaje en moto desde San Luis hasta la costa, con un frío verdaderamente tremendo que soportó sin un solo gesto y con la mente puesta en la misión que tenía delante.

Unos kilómetros antes de San Clemente del Tuyú, en un lugar llamado Lavalle fué detenido en un control policial.

El agente lo miraba con desconfianza, Ignacio era muy alto y rubio, parecía un vikingo sobre la motocicleta, más aún, vestido con ropa de cuero y con el casco en la mano... solo sus ojos profundamente negros desentonaban en su aspecto, y eran ellos los que estremecían al policía, que no encontrando nada raro en la documentación del hombre y su vehículo, aun así quería saber mas..

  • Feo tiempo para andar en moto, señor, que lo trae por esta zona?, le preguntó en tono poco amigable el policía.

  • Soy fotógrafo, le dijo señalando el bolso típico de éstos que tenía delante de sí y sobre el tanque de combustible.

  • Ahá... trabaja por la zona?

  • Se puede decir que sí, vengo a buscar un viejo amigo...

  • Bien, puede continuar, le contestó sin otro motivo para retenerlo ahí, sin embargo, cuando la moto aún se veía en la ruta comunicó a otras patrullas la sospecha que tenía sobre el solitario motociclista.

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Entró a Nueva Atlantis a las cuatro de la tarde de un viernes con un frío terrible y se dirigió inmediatamente a una de las pocas inmobiliarias sobre la avenida Lebenshon, pero no encontró lo que buscaba, así que dirigiéndose hacia donde habían encontrado el cuerpo de Isidro vió un cartel en un solitario dúplex.
Dos horas después había alquilado el lugar por una semana, pagándole al dueño., quien le facilitó una estufa a gas con la que calentó un poco el lugar.

                                          

Rato después acomodó su equipo sobre la cama, del bolso de fotografía además de la cámara, sacó un visor infrarrojo, un ejemplar del Rig Veda, un texto sagrado hindú y una gastada pistola Beretta 9 mm.

De la mochila emergieron sus objetos personales, una caja con extrañas balas, una ballesta y tres flechas para ella, construidas en un metal negro brillante.

                               

Se bañó para sacarse el frío del cuerpo, cargó la pistola con esas extrañas balas negras, colocó el visor nocturno en el bolso y salió a reconocer el lugar.

No le costó trabajo relacionarse con la camarera del único restaurante que abría en aquel duro invierno, de ella obtuvo la información que necesitaba.

La mañana siguiente la empleó para conectarse con los periodistas que habían cubierto la noticia.

  • Así que trabajás para el Discovery, le preguntó el periodista, entre asombrado y cholulo.

  • Sí, estoy cubriendo la noticia de algunos desaparecidos que podrían haber sido atacados por perros hambrientos en la zona...

  • Mirá, acá dos por tres desaparece alguno... pero son en general tipos que viven solos, drogadictos o gente de afuera, lo raro es que se da más en invierno, y no solo acá, por todos los balnearios pasa lo mismo. A veces los encuentran... báh, lo que queda de ellos, como este pobre tipo, siempre cerca de la playa y a medio comer. A veces salen de la municipalidad a liquidar perros callejeros pero nada... sigue pasando.

  • Tenés las fotos de este caso?, me interesaría verlas.

  • Tengo más!, hasta de la autopsia... che, que posibilidades de una corresponsalía se podrían tener en tu laburo...?

  • Muchas, vemos las fotos?

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Ignacio llegó a la casa entrada la tarde con varios aerosoles de pintura, con los que dibujó una esvástica roja en cada pared del cuarto donde dormía y en la puerta de entrada, también pintó esvásticas en el tapial del fondo y en la entrada trasera.

Le había pedido al periodista copias de las fotos y las estaba mirando con detenimiento cuando escuchó ecos de disparos en la noche, a lo lejos. Automáticamente se abrigó y salió con su moto en dirección de los sonidos. No encontró ni vió nada raro. Cuando volvía se cruzó con el periodista que lo invitó a tomar un trago.

  • Estás causando sensación, le dijo, las minas locales hace rato que no ven un rubio como vos y la moza del boliche corrió la bola, están enloquecidas.

  • Suele pasar, le respondió sincero Ignacio. Lo que no podía decirle es que ninguna mujer ni nadie podría estar seguro cerca de él mientras no terminara su misión.

  • Y?, tenés alguna novedad de la investigación?

  • Todavía nada.

  • Mirá, yo tengo alguna idea, pero es medio bizarra, viste? Medio paranormal...

Las pupilas de Ignacio se abrieron completamente y su rostro se transformó en piedra.

  • Contá. Le pidió a su nuevo amigo

  • Acá hay varias teorías y leyendas locales... ojo, no se habla con los turistas esto, imaginate...

La expresión de Ignacio se endurecía cada vez más, si ello fuese posible.

  • Soy amigo de gente de prefectura, y ellos me cuentan que desde hace tiempo tratan de cazar un animal o ser extraño, que se yo, una especie de gorila grande que algunos dicen haber visto salir del mar caminando a cuatro patas y después seguir en dos, parece que este bicho cada tanto agarra a alguna persona que anda sola, sobre todo en invierno, y se la lleva cerca del agua, donde se la come... Sandman, le dicen acá, el hombre de arena...una ligera sonrisa en el rostro del periodista no encontró eco en el duro rostro de Ignacio,

  • Y pudieron verlo?, preguntó.

  • No, pero acá viene lo raro... cuando pasó lo de Guastavi, un rato antes, en las cámaras que filman día y noche el mar y el pueblo, las de seguridad nuevas que pusieron, se vió una especie de perro grande y negro salir del mar, y después otra de las cámaras de la playa enfocó una cosa grande y peluda que no se veía bien... yo vi los videos y meten miedo, te juro.

Ignacio ensayó un diálogo de compromiso y se despidió de su amigo, debía cumplir la misión antes que alguien más saliera lastimado.

Se dirigía en la moto hacia la casa cuando vió una sombra detrás de unas plantas, sobre un médano que daba al mar.

                                

Abrió despacio el bolso y extrajo la pistola. De pronto una figura familiar se dirigía hacia él.

  • Ignacio!!!, que hacés por acá? Que alegrón verte!!!...

  • Juan Manuel?, balbuceó, incrédulo... vos?

  • Si... no te acordás que te llamé hace unos días a Los Molles y te conté que vendría a pescar tiburones...?

  • No recuerdo bien... pero no te me acerques, le contestó a la figura de su hermano mayor mientras le apuntaba con la pistola.

  • Que hacés, pelotudo?, bajá el fierro que me vas a meter un tiro, salame...

  • No des un paso más, por favor. Le suplicó

  • Dejá ese fierro y vení que te doy un abrazo, pollito... le decía desplegando una amplia sonrisa...

  • Quieto!, le gritó casi...

En el preciso momento que estaba por abrazarlo, le disparó en un brazo. Entonces quien se viera como su hermano se reveló realmente, era un horrendo ser de casi dos metros de estatura, completamente negro y peludo, con unos ojos fulgurantes de un color amarillo fosforescente muy vivo, con la mirada increíblemente lúcida y cruel, con un reflejo de odio que surgía de lo profundo del abismo de esos ojos, con una increíble boca llena de filosos colmillos y dientes, y que seguía avanzando.

Le disparó otra vez en el preciso momento en que con una de las garras llenas de uñas como navajas, le abría una profunda herida en el brazo izquierdo.
El nuevo disparo dio en el abdomen de la bestia que corrió en dirección al mar, mientras Ignacio se desvanecía por la pérdida de sangre.

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Despertó en la guardia de una clínica, a su lado estaba el periodista que conociera allí.

  • Discovery las pelotas!, ya me imaginaba que vos no eras del palo... vos sos nazi, cuando salgamos de acá me vas a explicar algunas cosas... le decía mientras miraba la esvástica que tenía tatuada en medio del pecho y las inscripciones en latín que tenía en los antebrazos.

  • Cómo llegué acá..? preguntó aún mareado.

  • Te traje yo, te olvidaste la cámara en el boliche y te venía siguiendo, cuando oí los tiros me apuré y alcancé a ver esa cosa... usé tu cámara y le saque una foto... mirá:

En el visor de la Nikon se veía una cosa difícil de describir...

  • Creo que te debo una explicación, llevame a la casa, le pidió al periodista.

  • Me debés mas que eso, pibe... te arregle todo con la cana, nadie sabe del fierro, lo tengo yo, quedate tranquilo, quedó como que te atacaron perros callejeros, yo firmé.

  • Gracias.

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Una vez en la casa y con café de por medio, Ignacio comenzó a hablar.

  • Esa cosa que viste es un Rakshasa...

  • Y eso que es...? perguntaba el periodista mientras miraba, asombrado, las esvásticas pintadas en las paredes.

  • Los Rakshasa son seres elementales que viven en la Tierra desde antes que los hombres, los hindúes fueron los primeros en descubrirlos, viven cerca o en el agua y durante algunos períodos de tiempo salen a cazar personas, de las que se alimentan...

  • Y que tienen que ver los nazis?, preguntó el periodista señalando las esvásticas.

  • Las cruces esvásticas no son nazis, son un antiguo símbolo de protección hindú contra los rakshasa...

                            

  • A vos no te funcionaron mucho las que tenes tatuadas en el pecho y la espalda...

  • No, porque por un segundo logró confundirme haciéndome creer que era mi hermano...

  • Cómo pudiste pensar que esa cosa peluda era tu hermano?

  • De algún modo leen en la mente de las víctimas y descubren como verse como las personas en que éstas confían, mi hermano murió hace un par de años durante una excursión de pesca, por eso pude balearlo.

  • Mierda...

  • Si ves a tu tía favorita en la noche queriéndote abrazar, salí corriendo, si te da tiempo...

Siguieron conversando largo rato mientras afuera caía una nevada como no se había visto nunca, era el nueve de Julio.

Durante los días siguientes Ignacio y el periodista recorrieron las playas buscando rastros de aquella cosa, visitaron otros balnearios desde donde venían rumores de que sucedían cosas extrañas, pero nada, finalmente decidieron instalarse en el estudio de la tv local, donde podían ver todas las cámaras de seguridad.

Dos noches después la paciencia dio sus frutos, por la calle Diagonal Macedo cerca de la playa descubrieron una sombra inequívoca...

Pasaron por la casa de Ignacio, donde recogieron la ballesta y las flechas, mientras el periodista lo miraba raro...

  • La ballesta es lo único que lo puede matar, usando estos dardos, están construidos con el metal de una estatua bendecida que Brahma le regaló a Visnú, unos dioses hindúes que conocían a los rakshasa... las balas de la pistola tienen las puntas del mismo metal, pero solo los hieren, la flecha es lo único que lo mata...

  • Y si le errás...?

  • Imaginate, le contestó Ignacio.

 

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Estuvieron caminando varias horas, hasta que Ignacio notó una sombra entre las olas. Discretamente se alejó de su amigo y preparó la ballesta, mimetizándose entre las sombras de la noche...

En un momento, cuando caminaba distraído cerca del agua, el periodista de pronto se detuvo en seco...

  • Marta?... que hacés acá...?

  • Te vengo siguiendo, tu hijo tuvo un accidente terrible y te tenía que avisar... pobre mi Pedrito, dejá que te dé un abrazo, querido...

    El periodista estiró los razos hacia la mujer, sin ver lo que en realidad era lo que se le acercaba desde el agua...

Era lo que Ignacio esperaba. La negra flecha se clavó en el pecho de aquella mujer, que al ser herida reveló al espantoso ser que en realidad era... un grito horroroso fué escuchado por casi todos los escasos pobladores invernales de Nueva Atlantis, que al ser una noche tan fría, estaban recluidos en sus casas...

  • Qué hiciste, nazi loco de mierda!!!! le metiste un flechazo a mi hermana!!!!!. le gritaba Pedro mientras amenazaba golpearlo...

    Ignacio lo sujetó firmemente, evitando los golpes y patadas que le dirigía el enfurecido periodista, mientras lo obligaba a mirar lo que estaba tendido en la arena...

  • Tranquilo... mirala...

    Pedro miró, pero no era una mujer lo que vió, sino aquel espantoso ser, que en agonía los miraba con un profundo odio...

  • Dios mío.... solo atinó a decir.

Segundos después aquel ser comenzó a desintegrarse, transformándose en un líquido viscoso y maloliente, que se filtraba en la arena; hasta que solo quedó la flecha sobre ella...

  • No entiendo... balbuceaba Pedro.

  • Simplemente desaparecen cuando mueren... vámonos, aclaró Ignacio.

 

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Tres días después, mientras lo ayudaba a cargar las cosas en la moto, Pedro le decía:

  • Quedate unos días más, así te presento a mi gente...

  • Me encantaría, pero tengo que volver a San Luis, tengo una vida allá...

  • Terminó..? le preguntó el periodista.

  • Este si... pero hay mas, y cada tanto volverán, pero ahora puedo descansar un poco, tengo un sucesor, le dijo mientras lo miraba fijo a los ojos.

En ese momento Pedro sintió una intensa quemazón en los brazos, el pecho y la espalda... cuando se miró, en la cara interna de los brazos tenía dos inscripciones: adimplere missio en el izquierdo y animo ac viribus en el derecho, mas dos esvásticas, una en el pecho y la otra en la espalda...

  • En el auto te dejé la pistola, las balas, la ballesta y los dardos... ahora te toca a vos... ya sabés como es esto... buena suerte, le dijo mientras arrancaba la moto y se perdía rumbo a la ruta 0nce...

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Nueva Atlantis, en la actualidad

 

Pedro Encino es dueño de una radio de FM que pasa buena música y poca propaganda... pero algunos vecinos piensan que el tipo es neonazi y que está medio loco... en la casa tiene varias esvásticas pintadas en las paredes y cuando tiene su programa, que va por las noches en la 107.1, suele decir que si en las frías y oscuras noches de invierno, nos encontramos con alguien en quien confiamos, no importa que ya esté muerto o no, y que nos quiere dar un abrazo, huyamos despavoridos, o confiemos en nuestra buena suerte... raro, no?

                                                       

 

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