Afortunadamente la lectura sigue siendo el lugar al que retirarse de un mundo insano...
Los Cuentos de Pratt
(Historias que no son cuento...)

La bodega

La Bodega

El capitán lanzó una maldición en danés, y le gritó al segundo:
- Todo a babor...!!!, pero íntimamente sabía que cualquier intento de maniobra era inútil, demasiado tarde el radar de colisión había registrado la monstruosa ola del Tsunami que se acercaba a su barco a mas de 200 kilómetros por hora... el navío, su carga y sus tripulantes tenían los minutos contados.


                         
Ordenó desesperadamente que el operador de radio lanzara el mayday, la llamada de auxilio internacional, y radiara la posición del buque, mientras trataba de ver en las tinieblas de la noche la gigantesca masa de agua que mataría a su barco y a él mismo, tomó el micrófono y aulló a su tripulación que se aferraran a lo que tuvieran a mano ante la inminencia del impacto. Salió del puente para tratar de ver lo que se acercaba por estribor cuando se le cortó la respiración de la impresión, una pared de agua cuatro veces mas alta que el puente de su nave estaba llegando ya...
Unos segundos después el carguero sueco Kronborg daba una vuelta de campana y se hundía a toda velocidad frente a las costas de Liberia.
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Marco Benítez se despertó por el estruendo ensordecedor en la bodega, no entendía que pasaba cuando un caño de los muchos que estaban allí estibados le golpeó la cabeza y perdió el conocimiento.
Cuando despertó luego de un tiempo que no podía precisar tardó en recordar donde estaba, la oscuridad era impenetrable y al tacto todo le era desconocido, por suerte tenía su mochila aún agarrada a su espalda... con trabajo logró sacar la pequeña linterna que traía. Al encenderla un lugar por entero desconocido se mostró ante sus ojos. Todo estaba de cabeza, las cajas almacenadas en la gigantesca bodega estaban tiradas por cualquier parte, los autos estaban destrozados y dados vuelta y había un gran revoltijo de cosas que habíanse salido de los contenedores. Tardó en darse cuenta, en su simple inteligencia de albañil, que en realidad estaba parado en el techo de la bodega y que el barco estaba dado vuelta. Su desesperación se hizo física y casi pierde el conocimiento. Se repuso a medias mientras corría a la escotilla que ahora, al revés, estaba a su izquierda, le costó gran trabajo trepar por la pasarela ya que peldaños y baranda estaban de cabeza. Con esfuerzo lo logró y estando a punto de abrirla, girando la manivela tuvo un presentimiento al ver un imperceptible chorrillo de agua que se abría paso por el borde de la escotilla. Alumbró por el doble cristal de la esclusa y un grito le cerró la garganta, del otro lado de la portezuela vio pasar navegando un teléfono celular y una gorra...
Se descolgó como pudo de la pasarela y trepando por las pilas de cajas y por sobre los autos que, dados vuelta estaban por allí llegó a la esclusa del otro lado de la enorme bodega. Aquí le fue mas difícil trepar ya que el techo de la ésta, que ahora funcionaba como piso, estaba en desnivel respecto del otro lado y no había como trepar. Apiló cajas hasta poder saltar y aferrarse a los peldaños hasta que finalmente lo logró. El corazón se le cerró de angustia al comprobar que allí también  estaba todo inundado... estaba encerrado.
La compuerta principal de la bodega, gigantesca, y por donde habían introducido la carga (y donde se había descolgado él también como polizón), ahora era el piso y no había ninguna posibilidad de abrirla. Que había pasado? El barco estaba de cabeza, eso era claro, pero... estaba a flote?, o bajo el agua?. De pronto, y a pesar de su escasa inteligencia entendió su situación. Estaba encerrado en la bodega de un barco hundido en el fondo del mar.

                 
El miedo y la impresión pudieron con él y se desmayó.
Cuánto tiempo estuvo inconsciente no lo supo, ya que no tenía reloj, pero su linterna apenas alumbraba aún y se desesperó aún mas, si ello era posible, rápidamente pensó que hacer, por lo pronto aferró el encendedor que tenía en la mochila, entonces vio el reflejo de la luz en los faros de uno de los autos que habían allí. Se acercó a él y con trabajo logró sacar la batería y rompiendo uno de los faros sacó la lampara con sus cables y obtuvo luz. Hizo lo mismo con otros cuatro autos y así logró iluminar casi toda la bodega. El espectáculo era surrealista, aunque él no supiera lo que era eso. Cajas, objetos, caños, autos y una gran cantidad de los mas diversos objetos estaban tirados por ahí... entre ellos había cajas de cereales, galletitas, leche en cajas y otros alimentos. Se alegró, tenía que comer, además de las cosas que había traído consigo cuando decidió viajar como polizón a Europa.
Con el estomago lleno le dio sueño, se quedó quieto y empezó a recordar.
La culpa de que él ahora estuviera en esa situación era del ferretero Ferrari, él era el que le había llenado la cabeza con la plata que un albañil como él podía hacer en Nápoles, donde Ferrari había vivido, él era el que lo había alentado a viajar a Italia, el que lo había empujado a esa bodega... maldito Ferrari. Marco nunca hubiera podido ahorrar lo suficiente para pagar el viaje viviendo en la villa 21 de Retiro, en Buenos Aires, tampoco se habría dado maña para sacar el pasaporte, ya que ni siquiera tenía documentos... pero el destino lo había llevado a pintar la casa de ese tipo, como era? Galván, ese.
 Galván había sido guerrillero en los 70, y se había escapado a Europa en barco, como polizón, como él. Cuando el guerrillero le contó se hizo la luz para Marco. Buscó al primo de Yesica, su hembra, que trabajaba en el puerto y averiguó que barco salía para Italia. El primo se lo marcó y a cambio del  televisor y el equipo de música de Marco lo ayudó a esconderse en un contenedor  medio vacío que cargaron en aquella bodega. Llevaba consigo su mochila con algunas pocas cosas y comida para el viaje de 15 o 20 días que el primo de Yesica calculaba que duraría el viaje...
Se durmió.
Despertó luego de un tiempo y lo primero que sintió fue miedo. Lentamente empezaba a entender lo terrible de su situación. Estaba en la bodega de un barco en el fondo del mar, con el aire que pronto se acabaría y sin forma de salir, y aunque pudiese cortar con las herramientas que había allí los 15 centímetros de acero macizo del casco del buque, aún estaría en el fondo del mar. La impresión frente a la certeza de su próxima muerte lo venció y volvió a desmayarse.
Se despertó extrañamente tranquilo. En su breve inteligencia pensó que los dueños de todo lo que había allí estarían buscado el barco, y si lo encontraban antes que se acabara el aire, lo salvarían. Decidió ayudarlos.
Con un pedazo de tubo de metal comenzó a golpear el casco con golpes rítmicos. Al cabo de un par de horas se cansó. Comió lo que mas le gustaba, unos embutidos de fiambre que encontró en una caja. Jamón crudo. Él no conocía el jamón crudo, nunca había podido comprarlo y ahora, allí en el fondo del mar disfrutaba de su sabor... quién sabe?, pensó, quizá tenga suerte.
Siguió con los golpes hasta que un sonido del otro lado del acero lo sobresaltó.
Primero se alegró, pensando que habían encontrado el barco y lo rescatarían... al cabo de un rato recordó donde había oído esos sonidos antes. Una tarde el hermanito de Yesica estaba mirando el canal raro ese, el Discovery, y habían unas ballenas, azules creyó recordar, que cantaban así... sí, ese era el sonido. Del otro lado del acero las ballenas le contestaban y le hacían compañía...
De pronto empezó a reír, con carcajadas plenas y francas. Estaba allí solo, en medio del mar y su única compañía eran ballenas...
Al cabo de un rato la risa se transformó en llanto y por primera vez entendió que su vida se terminaba allí mismo. Con una certeza que hasta para alguien de pocas luces como él era evidente. Solo era cuestión de esperar.
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Decidió que sus últimas horas las pasaría lo mejor posible, así que buscó entre el revoltijo de mercancías los mejores embutidos, los vinos que le parecieron los mejores y se armó con las butacas de cuero de un Jaguar E Type una cama y un cómodo sillón, así instalado hizo lo único que le quedaba por hacer, fuera de oír cada tanto aquellos sonidos de las ballenas fuera del casco del buque. Se dedicó a repasar su vida.
Pasado ya el miedo que le inspiraba la idea abstracta de la muerte su breve inteligencia en realidad le sirvió de anestésico ya que se resignó a aquello que el destino había querido para él... y sólo entonces descubrió lo feliz que había sido siempre y como había resignado esa felicidad siempre en pos de querer tener o ser algo mas.
Recordó con vívidos detalles su infancia en su Corrientes natal, las tardes de sol en la que con sus hermanos recorría el campo con el rifle en busca de palomas para comer, lo dichoso que era cuando su madre amasaba pan y el olor que éste tenía, y que nunca había vuelto a oler. Con la misma emoción revivió en sus recuerdos el primer beso que le dio aquella chinita de trenzas y de ojazos negros que sin embargo resplandecían como el sol... sintió nuevamente en su piel la explosión de energía la primera vez que sintió el cuerpo desnudo de una mujer y la imperiosa necesidad de irse de aquel lugar cuando la vio pasar en ancas del caballo del patrón...
El aire se estaba enrareciendo y una pesadez que no presagiaba nada bueno le impedían ya ponerse de pié... una a una las luces que eran alimentadas por las baterías de los autos se iban apagando.
Recordó cuando llegó a Retiro y no podía creer que hubiera un lugar con techo para los trenes y como el pibito ese que se ofreció a ayudarlo a bajar los bultos le robó los bolsos con sus cosas... el miedo y la soledad que sintió esos primeros días y la alegría cuando el capataz paraguayo le consiguió su primer trabajo y las chapas para hacerse la casilla en la villa...
Tomó algo de lo que le quedaba de la última botella y comió otro pedazo de jamón y pensó que si hubiera podido salir de allí nunca mas le habría faltado algo tan rico...
Entonces recordó a Yesica, la bolivianita que había conocido en la bailanta y que le había alegrado la carne el último año, y en lo bien que estaba en la obra, comiendo esos asados de falda que hoy recordaba tanto... había tenido una buena vida, si señor, pero siempre ese afán de irse, de no estar, de ser otro, de no conformarse con lo que tenía y era... de querer ser mas sin importar el riesgo o lo que perdía en el intento. Y también se acordó de Ferrari y las historias que le contaba de Italia, maldito gringo que le había metido esas ideas en la cabeza a él que lo tenía todo con Yesica, las obras, las mañanas de sol (que ya no volvería a ver nunca) y los asados de falda...
Cuando el aire ya casi no era aire pensó en Dios, él nunca pensaba en Dios, sólo tenía una creencia casi supersticiosa sobre la religión y a decir verdad nunca había pensado mucho en la idea del cielo y el infierno... de chico su mamá los llevaba a misa los domingos pero él aprovechaba el viaje mas como paseo que como experiencia religiosa... y bueno, si había un Dios en un rato nomás estaría con él.
Dio aún un último bocado a aquel jamón desconocido y se echó un último trago de ese vino dulzón y pegador. Miraba fijamente la última lámpara que brillaba cada vez mas débilmente. Pensó si le quedaba aún alguna cosa en la que pensar y decidió que no. Entonces murió.
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Las ballenas azules que habían estado haciéndole compañía con su canto de alguna manera supieron que el hombre ya no estaba, entonces decidieron seguir su viaje por alta mar.


                                       

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