Afortunadamente la lectura sigue siendo el lugar al que retirarse de un mundo insano...
Los Cuentos de Pratt
(Historias que no son cuento...)

El Asedio


                

El “mono” Vilar y el “negro” Ceibo nacieron y se criaron en el mismo barrio pobre... ambos compartieron los (pocos) años de la escuela primaria y tuvieron mas o menos las mismas chances en la vida.
El Mono era mas grandote y corpulento, por lo que no tardó en convertirse en el “pesado” del barrio y de ahí a integrar tempranamente una banda fue solo un paso. La primera vez que empuñó un revólver supo íntimamente que eso era lo que mas le gustaba en el mundo y las miradas de terror que veía en sus víctimas le provocaba una sensación muy parecida a un orgasmo... en el barrio todos le temían.
El negro en cambio era un pibe normal, criado por una pareja de caseros de una capilla de barrio, era educado y amable, aunque algo reacio a la hora de poner el cuerpo en el trabajo, de buen físico y de aspecto parecido al actor Wesley Snipes, tenía un singular éxito entre las muchachas del barrio que suspiraban al verlo pasar, siempre vestido con multicolores musculosas.
Entre ambos había nacido la amistad cuando la policía tenía al mono cercado en una casa abandonada una tarde de lluvia y el negro desvió a los uniformados diciéndoles que el que buscaban había escapado por los fondos de su casa.


                    
Desde ese día Sergio Vilar se convirtió en el ángel guardián de Mauro Ceibo.                          

No pasaba una semana sin que se los viera juntos tomando una cerveza en algunos de los bares del barrio o comiendo una pizza de caja en alguna esquina con amigos. El mono no perdía oportunidad de tratar que el negro se uniese a su banda, pero Mauro jamás aceptó, no era muchacho violento y su formación no le hubiese permitido apropiarse de lo ajeno sin una culpa demasiado insostenible.
Sin embargo la amistad prosperaba, e incluso la influencia de los padres de Mauro en cierto modo suavizaron el áspero carácter del mono, al punto que incluso algunos días se lo podía ver sin el revólver en la cintura.

Así los años fueron pasando y el mono reunía mas y mas poder dentro del mundo de la delincuencia, incluso se hizo dueño de una enorme cantidad de dinero luego de un golpe a un camión de transporte de elementos electrónicos donde obtuvo un cuantioso botín que nunca llegaron a ver sus socios, quienes aparecieron quemados dentro del auto robado, bajo un puente de la autopista a La Plata...

                                     
Las circunstancias de la vida los fueron separando bastante y se veían menos a menudo, Mauro había conseguido trabajo manteniendo los parques de un barrio cercano a su casa y eso le permitía vivir con cierto decoro, incluso había comprado una pequeña motocicleta con la que se movía por la ciudad. El mono en cambio siempre se movía en autos último modelo, los que le duraban siempre un par de días...
Cierta tarde la Capilla donde se había criado el negro, organizaba un baile familiar para recaudar fondos y el barrio entero se dispuso a pasar un sábado distinto. Todo el mundo se puso sus mejores galas y a partir de las ocho, todos estaban en el salón contiguo a la Capilla disfrutando de los grupos de Tango y música tropical que alegraban la fiesta.
Mauro había invitado especialmente al mono, el que concurrió de traje (y sin el arma) aunque bastante enojado porque en la fiesta solo se podía tomar cerveza...
Los bailes se sucedían y el negro y el mono se reían a carcajadas bailando con distintas muchachas del lugar...
Hasta que llegó Andrea
Era la muchacha mas bonita del barrio, hija de una modista y de padre desconocido, todos la pretendían, pero ella era distante y esquiva, nunca se le conoció novio ni relación... y allí estaba, al alcance del mono, quien siempre la había deseado, pero no tenía las luces necesarias para llegar a ella. Ni el valor de decirle que siempre la había amado. Por otra parte jamás se rebajaría de esa forma frente a una mujer.
Miró a su amigo que estaba distraído mirando a los músicos...
- Te juego cien mangos que no la sacás a bailar, le dijo el mono al negro, señalándole a Andrea.
- Hecho, contestó Mauro que ya tenía varias cervezas mas de lo debido encima...
Y así fue, varias horas bailaron y charlaron olvidándose completamente del mono, que los miraba desde un arrabal del salón.

Ese día algo cambió dentro de él.

Su lealtad a Mauro no cambió, sin embargo evitaba encontrarlo, aún mas desde que Mauro y Andrea se pusieron de novios, para no pensar, para no sufrir lo que él mismo había provocado con aquella tonta apuesta... retomó su “trabajo” y participó en sangrientos robos y tiroteos....se fue curtiendo y haciéndose cada vez mas despiadado.

Una tarde  recibió un llamado del celular del Negro
- Mono, necesito pedirte un favor, hermano...
- Pedí, fue la única palabra de Sergio Vilar.
- Me voy a juntar con la Andrea y necesito unos pesos, conseguí un trabajito de casero en el Amancay, el barrio nuevo que están haciendo en los campos de atrás del matadero y necesito algunos muebles... ni bien tenga la plata te la devuelvo, hermano.
- No hay problema, en un rato te mando la plata. Y cortó la comunicación

La cabeza le quemaba... el Mono había amado desde siempre a Andrea... desde chiquita la miraba en silencio y desde lejos viéndola crecer...muchas veces había golpeado hasta hacer sangrar a tipos que se habían atrevido a decirle algo soez...muchas veces había cubierto con su plata la cuenta del almacén o carnicería de la madre de Andrea, pero jamás se había atrevido a acercarse a ella, a confesarle cuanto la quería... y ahora ella se juntaría con el único amigo que tenía, con el único que podía mirar sus ojos sin temor.

Cuanto dolor.

El ocasional chino que atendía el supermercado que asaltó esa tarde sufrió la furia que destrozaba el corazón del mono... y murió de cuatro balazos por la misma razón.

Esa misma tarde le dio el dinero a Mauro y prometió darle una mano con la mudanza. Dos días después apareció con un camión (Mauro no preguntó de donde salió) y cargaron las cosas de ambos para llevarlas al Amancay.

La casita de los caseros era bien pequeña pero confortable, tenía una habitación con dos ventanas por donde se veía la casa principal por una y el alambrado del límite del nuevo barrio y el campo por la otra, una pequeña cocina comedor y un baño. La pareja decía no necesitar mas.

Nadie pudo conocer el dolor del mono cuando ayudó a su único amigo a instalar la cama donde dormiría con la mujer que amaba desde siempre.

Uno de los amigotes que había traído para ayudar en la mudanza miraba con demasiado detenimiento el trasero de Andrea y el mono lo captó.
Después de tomar unas cervezas se fueron sin comer el asado prometido por Mauro, quien no entendía el apuro de su amigo.
El mirón no alcanzó a bajar del camión, una certera puñalada lo dejó sin aire mientras oía las palabras del Mono:
- Así aprendés a no mirar culos ajenos...
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El tiempo fue pasando, las visitas del mono a la pareja se fueron espaciando cada vez mas, pero siempre que los visitaba sucedían dos cosas: aparecía una fuerte suma de dinero en la casita de Mauro; y alguien moría salvajemente acribillado ese día o el siguiente...


En el “campo invadido”, como solía llamar al barrio Mauro, dada la escasez de casas (solo dos mas, además de la que cuidaba, y ninguna habitada permanentemente),  las noches se ponían tenebrosas... en la garita de entrada solo un viejo vigilador ( mas de sesenta años y siempre con varias copas “extra”) no le daba a la pareja ninguna seguridad, y algunas noches los ruidos en el campo los asustaban bastante. Incluso una noche oyeron varios disparos en la única propiedad habitada de las cercanías, una pequeña chacra donde vivía sola una mujer de unos cuarenta años que había enviudado recientemente y que no dudaba en usar su escopeta o su pistola cuando algún cuatrero pretendía llevarse un cerdo o un novillo...
Mauro maduraba la idea de conseguir un arma para la defensa de la casa, sin embargo no se atrevía a pedírsela al Mono, ya que, sin dudas, estaría manchada de sangre...
La solución se la trajo una tarde un visitante inesperado.
Walter era un viejo amigo de la familia y conocía a Mauro de chico, por ser amigo de uno de los hijos de él, esa tarde Mauro reconoció la camioneta de Walter cuando recorría el predio...
- Cómo anda don Walter, persona de mi amistad..? le dijo el negro al reconocerlo
- Que haces acá morocho?
- Vivo acá amigo... y usted?
- Ando buscando un lote... ya que sos de acá me podés asesorar...
Y así pasaron la tarde tomando mate y charlando... recordando viejas épocas
En eso volvió Andrea con la moto y la compra
- Gusta quedarse a comer, don Walter?
- Dale... pero yo compro el vino y el postre.
La cena se prolongó en larga sobremesa donde la charla amena se cortó de golpe al oírse unos disparos...
- Quédese tranquilo, don Walter, es la vecina de la chacra que cada tanto dispara para espantar chanchos de dos patas...
- Y vos morocho?, también tirás?
- No... no tengo arma, pero me gustaría poder defenderme, llegado el caso.
- Pero no sos amigo del Mono?, ese te puede conseguir...
- Justamente eso es lo que no quiero.... usted me entiende...
- Si, tenés razón... pero eso es algo que podemos arreglar. Acto seguido se levantó y fue hasta la camioneta
- Mirá, acá tengo este rifle .22 que suelo usar para cazar cuando voy al campo, anda muy bien y no tiene problemas legales... te lo dejo prestado hasta que te consigas algo, no es bueno vivir en un lugar tan aislado sin algo con que defenderse...

             
También le dejó tres cajas de balas, que el Negro prometió reponer ni bien cobrara. Luego del café, el hombre se retiró y la pareja se preparó para dormir...

Dos días después el Negro estrenó la carabina: dos rateros cruzaron el alambrado escapando de la escopeta de la vecina, pero no contaron con que Mauro estaba despierto y carabina en mano. Por la ventana de la habitación les disparó, lo que aceleró la huida de los cacos.
- Menos mal que tenemos el rifle, le dijo a Andrea esa madrugada, sino se nos habrían metido acá.

                        
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Seis meses después de este incidente, en un oscuro depósito de un desarmadero de autos cinco tipos y el Mono Vilar preparaban un golpe.
- Te digo que la vieja esa va a agarrar un pedazo de guita del finado... la minita del abogado que está haciendo la sucesión me paso los datos, es mucha plata mono...
- Y dónde vive la vieja esa...?
- En un campito atrás del Amancay, el barrio nuevo, encima vive sola, es pan comido...
El Mono frunció el ceño... el solo nombre del lugar donde estaba la mujer que amaba bastó para desconcentrarlo un momento
- Conozco ese lugar, tengo un amigo ahí... también sé que la vieja se defiende bien de noche con una escopeta
- Ya sé, pero somos seis Mono, se la tenemos que dar....
- Y cuando le llega esa plata?
- La minita dice que la va a cobrar el viernes, y ella va a embarullar todo para que sea después de las tres así no la puede meter en el banco...
- Listo. Se hace. Fueron las palabras del Mono... luego siguieron tomando cocaína y cerveza, en ese orden

Ese viernes el Mono se despertó asustado... había tenido una terrible pesadilla donde Andrea lo miraba con asco y lo pateaba... y el no podía ni moverse ni gritar, ni nada... era rara. La piba que durmió esa noche con él (y de la que no recordaba siquiera el nombre) le preparó unos mates en la casilla antes que se levantara, bajo la almohada estaba el .38 listo, como siempre.
Se encontró con la banda en un boliche del suburbio y mientras circulaban las cervezas ultimaron los detalles.
- Ojo que mi amigo vive pegado a ese campo, nadie tira para ese lado, está claro?
- Si jefe, contestaron todos
Vamos saliendo ya son las once.
El grupo subió a la camioneta robada la tarde anterior y prepararon las armas. Un verdadero arsenal.

Solo se les escapaba un detalle. La viuda esa noche tenía visitas. Dos de sus hermanos la acompañaron a retirar el dinero de la escribanía, y uno de ellos era policía. Esa noche se quedarían a dormir en la chacra con la viuda.

A las tres de la mañana la camioneta estacionaba con las luces apagadas a doscientos metros de la chacra y seis hombres con pasamontañas y fuertemente armados bajaban de ella.

                                          
                                         
Como si presintieran algo en el aire, los perros de la zona, comenzaron a ladrar intensamente, algo que no solo despertó a Mauro, sino también a los hermanos de la viuda...
Diez minutos después se desató un feroz tiroteo entre los ocupantes de la vivienda y los delincuentes... el Mono accionaba su arma hasta tener el caño al rojo, el atraco se salía de madre, nunca contaron con semejante resistencia.
Dos de los hampones cayeron en el acto, otro desapareció por los fondos del campo; un cuarto estaba herido junto a un aljibe y era atacado por los perros de la casa mientras que el Mono y otro mas saltaban el alambrado que dividía el Amancay de la chacra, con el silbido de las balas a centímetros de sus cuerpos...
Tardó un instante el Mono en darse cuenta donde estaba... en el mismísimo patio de la casa de Mauro... miró a la izquierda justo cuando su amigo golpeaba a su secuaz con un trozo de caño de gas...
Giró instintivamente con el revólver a la altura de la cintura hacia el Negro; no tenía intención de dispararle, solo asustarlo para que no golpeara otra vez a su compinche.
Por un instante las miradas de ambos se cruzaron.
Y por la mente del asesino pasaron los mil recuerdos de la infancia que habían compartido... las charlas de madrugada empujadas por la cerveza, las diversiones juveniles y las tardes de pesca... el deseo que siempre tuvo de parecerse al Negro y no ser un malviviente...las risas, las ocasiones que lo había defendido sin que él lo supiera... hasta que su recuerdo llegó a Andrea.
En un instante que no formó parte del tiempo, en medio de todo aquel pandemonio, toda su alma fue solo de Andrea... recordó, en ese instante efímero que solo había amado una vez, solo a una mujer... solo a ella... el dolor indescriptible de saberla en brazos de su único amigo en el mundo... que ironía cruel del destino, él mismo los había empujado a estar juntos... su ÚNICO AMIGO y LA MUJER DE SU VIDA....
Sin pensarlo dirigió el arma en dirección al Negro.
En ese instante algo caliente lo paralizó.
Una aguja de fuego le penetró el pecho justo en el corazón, que al dejar de latir lo dejó sin respiración... lentamente las cosas giraron a su alrededor y pronto se vio en el piso... con el último resto de conciencia vió en la luz del marco de un puerta la silueta amada de Andrea, que con la carabina en la mano y con el cañón de la misma aún humeante lo miraba con odio... con el último aliento solo pronunció una palabra... Andrea.

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Unos minutos después el lugar se convirtió en un hervidero de patrulleros, ambulancias y medios periodísticos, que eran mantenidos a raya hasta la llegada de los forenses, cinco hampones habían sido abatidos aquella madrugada en el solitario Amancay, solo uno se dio a la fuga sin ser hallado.
Los forenses y la policía científica revisaban prolijamente cada cadáver.
Al llegar al último le quitaron el pasamontañas. Mauro y Andrea dejaron caer una lágrima al confirmar lo que sospechaban...
Buscaron los médicos la herida mortal levantando la ropa...
Justo en el pecho, a la altura del corazón, se veía el pequeño orificio de la bala .22, perfectamente centrado en medio de un burdo tatuaje carcelario, con forma de un corazón cruzado con una flecha... y que dentro tenía escrita una sola palabra. Andrea.


                     

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