Afortunadamente la lectura sigue siendo el lugar al que retirarse de un mundo insano...
Los Cuentos de Pratt
(Historias que no son cuento...)

DEIMOS (terror abrumador)


Estación de cría de animales de servicio e híbridos N°17 “Granja Yaguaí”
Río Luján, 10 km al norte del puente Gobernador Mercante
Viernes 2 de Agosto de 1991

Las dos vacas que se habían acercado a beber en el pequeño ancón frente al muelle miraban indiferentes a los dos hombres que allí estaban, mientras mascaban por segunda vez el mismo bocado de pasto flaco del invierno.
El que estaba en la lancha le hablaba al otro en éstos términos:
- Por favor te pido Esteban, no se manden ninguna cagada mientras no estoy, no se pasen de vino y sobre todo presten atención a las burras del pesebre 7, están en fecha de parición y no quiero problemas; mañana baldeen bien con la manguera y desparramen paja seca... en el galpón les dejé dos fardos para los padrillos, pero que no coman todo de golpe que se ponen lerdos
- Quédese tranquilo patrón, mi hermano y yo vamos a hacer buen trabajo... si el lunes vuelven Adolfo y Norberto le aviso?
- Por favor, esos turros deben estar de parranda por ahí... ya me van a oír.
Sin mas arrancó el fuera de borda y de un golpe de acelerador se perdió en un recodo rumbo al canal Las Rosas.
Tanto las vacas, que habían saciado la sed, como el otro hombre, volvieron a sus cosas.
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Esteban y Sebastián M. quedaron a cargo del establecimiento, la libertad que les daba el hecho de no estar el patrón era deliciosa... esa misma tarde hicieron el fuego para el asado después de hacer las tareas habituales, mas las de los dos que faltaron ese fin de semana... el trabajo era duro pero la paga sería buena y doble, así que ambos sonreían pregustando el gasto de esa cifra.

                             
Decidieron cenar bien temprano por si las burras del pesebre 7 parieran esa noche, así no interrumpían la comida, pero los animales estaban tranquilos y silenciosos, quizá por el recio frío de aquella tarde.
Luego de comer Sebastián  se encargaba de los platos, mientras su hermano ordenaba un poco la casilla donde dormían y comían, ésta era un rectángulo de chapas premoldeadas y forradas en madera por dentro, con varias ventanas con rejas, que en un tiempo había tenido ruedas para ser movido de un lado a otro, pero que ya no las tenía y había sido firmemente enclavado al suelo, justo frente a los galpones de los pesebres y los corrales de los padrillos.

                              
Todo el lugar era un establecimiento perfecto y bien cuidado gracias al fuerte carácter del patrón que siempre controlaba todos los detalles.
Lo que nadie imaginaba es que en aquel sitio se desataría uno de los horrores mas estremecedores de la región.
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La tarde languidecía y ya las primeras sombras se dibujaban en el monte cuando Esteban creyó ver a alguien sobre el viejo paredón del fondo de la estación y que marcaba el límite de la propiedad. Aquel sitio había sido una fábrica de aceite se sábalo en los años 40, pero en la actualidad de ella solo quedaba un viejo muro de adobe que frecuentemente era visitado por excursionistas que detenían sus lanchas en el pequeño ancón de las vacas, desde donde era posible hacer tierra.
El patrón había sido claro: no quería problemas; así que debería pedirle a quien fuera, que se largara de ahí... además aquel lugar era bastante peligroso, del otro lado del muro los viejos tanques semi enterrados estaban llenos de basura y agua y quien se cayera ahí corría serio peligro.
Mientras preparaba el revólver (algunos visitantes se ponían agresivos al pedirles que se retiraran) ambos hermanos creyeron ver una niña –a juzgar por un sombrero raro y el vestido de color verde encendido que lucía-.
La “niña” corría sobre el muro que estaba a unos 120 m de donde ellos se encontraban, le gritaban que parara, que era muy peligroso correr ahí, pero la pequeña no hacía caso... en un momento pareció perder pié y cayó al otro lado, en la zona de los tanques. Esteban le gritó a su hermano que corriera al ancón a avisarle a la familia que suponía detenida allí, mientras él corría a rescatar a la niña que no volvía a asomarse por el muro; a medio camino escuchó un grito extraño, mezcla de aullido de perro con grito de mujer, realmente jamas había oído algo así... sin embargo siguió corriendo en dirección al muro.
Al llegar allí le costó trepar por los viejos ladrillos, finalmente llego a extremo y se encaramó para mirar del otro lado...

Supo entonces el verdadero significado de la palabra terror.

Lo que había supuesto una “niña” de vestido verde, era un ser de un metro veinte de estatura, de enormes ojos y largas y puntiagudas orejas, de un escamoso color verde yerba y con unas fenomenales garras que estaba usando para atrapar ranas del viejo tanque y de las cuales tenía varias colgando de una vara... al sentirse observado dirigió una feroz mirada hacia Esteban, mientras profería un agudo chillido y comenzaba a trepar en dirección a él, mostrando al tiempo feroces dientes que sobresalían de su poderosa mandíbula.
El peón se soltó del borde del muro y cayó pesadamente hacia atrás, con fortuna tal que el golpe resultó amortiguado en parte por un frondoso arbusto que crecía al pié... enloquecido de terror corría en dirección a la casilla mientras aullaba de miedo, Sebastián, ajeno a lo que acontecía, volvía de la pequeña ensenada y se sorprendió al ver en aquel estado a su hermano.
- Corré Seba!!!... Corre a la casilla!!!!, Apurate por Dios!!!!!
- Que pasa loco?, que pasa???  Gritaba a su vez..
- Metete y no preguntes...!!! corré!!!
Una vez dentro de la casilla, Esteban trabó los cerrojos y calzó el candado, luego, presa de una tremenda inquietud revolvía los cajones buscando los cartuchos de la escopeta de dos cañones del patrón...

                              
- Qué pasa hermano, que viste por Dios???? Qué pasa???  Sebastián estaba desconcertado ante la actitud de su hermano...
- Hay algo ahí afuera, Seba, algo espantoso y viene para acá...
- Espantoso? Qué es? Un puma...?, contestame hermano...
Esteban no se molestó en contestarle, había hallado los cartuchos y estaba intruduciéndolos en la escopeta recortada, sin lograrlo, debido al gran temblor producto de su miedo.
Justo en ese momento la luz del sol se fue y dio paso a un oscuro crepúsculo.
Mirando por la ventana Sebastián creyó ver una figura moviéndose hacia la casilla...
- Pero hermano... eso que viene para acá es Paco, ese burro viejo que el patrón no quiere sacrificar...
El viejo asno corría hacia la casilla, era evidente que algo lo había asustado... en ese momento, el ser que tanto había asustado a Esteban, saltó desde algún sitio no visible al cuello del asno, derribándolo en ese mismo movimiento; con un solo golpe quirúrgico y preciso, degolló al animal, que quedó allí, tendido para siempre y pateando el suelo.
Al ver esto, los dos hermanos gritaron de terror, mientras desde el monte de atrás de la estación de cría un extraño resplandor verde le ganaba a las sombras de la noche.
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Una multitud de seres similares al primero salían desde atrás del muro, brillando sus cuerpos con una extraña luminiscencia color verde y con elásticos saltos que superaban varias veces la distancia que podría lograr una persona, se acercaban amenazadoramente a la casilla...
El primero de los seres asomó sus horribles y enormes ojos por una de las ventanas del lugar, justo al tiempo en que Esteban le disparaba a través mismo de los vidrios; el ser acusó el impacto cayendo violentamente hacia atrás, pero resplandeciendo fuertemente se paró y corrió perdiéndose de vista.
En ese momento todos aquellos seres atacaron al mismo tiempo la casilla golpeando y arañando las paredes, chillando y aullando de una manera desconocida.
- Dame el revólver, hermano! Gritaba Sebastián  presa del terror
- Tomá, meteles bala!, no dejemos que nos hagan lo mismo que al burro!!!
- Donde está la carabina?, traela también!!!

                                        
Mientras los hermanos se repartían la vigilancia de las ventanas (que por suerte tenían rejas) le disparaban a todos los seres que asomaban aquellas cabezas de pesadilla, incluso le disparaban a las paredes calculando el lugar donde estarían los cuerpos de aquellos...
Pronto el ambiente se fue llenando de humo de pólvora y ambos estaban casi sordos por los disparos, pero aquello parecía no tener efecto, ya que si bien impactaban en esos seres, los mismos, luego de brillar intensamente, se levantaban y corrían al monte, apareciendo luego otra vez, y otra, y otra.
En un momento ambos hermanos dejaron de disparar ahogados en el humo de la cordita.
El asedio continuaba, pero así como los disparos parecían no tener efecto, tampoco los atacantes podían vulnerar las chapas de la casilla y entrar.

                              
Los hermanos solo se abrazaron escondidos debajo de una mesa y aferrados a sus armas, llorando de desesperación y terror, mientras afuera continuaba aquel pandemonio de corridas, golpes y aullidos...

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La noche avanzaba... alrededor de las tres o cuatro aquello disminuyó y ya no se oían movimientos fuera del habitáculo. En ese momento los hermanos se relajaron lo bastante como para mirar por una de las ventanas.
Los seres parecían haberse marchado, solo las luces (que se encendían automáticamente) se bamboleaban con el viento. En ese momento una suave llovizna comenzó a caer. Nada se oía fuera del viento.
Solo entonces y luego de aquel terrible tiroteo los hermanos tuvieron voluntad de hablar.
- Que fue eso, por Dios?, que son esas cosas?
- No sé hermano, contesto Esteban, no se... pero nos salvamos de casualidad.
- Nos salvamos?... todavía no es de día y el patrón viene pasado mañana.. que vamos a hacer?, la radio está en la oficina del galpón uno, pero no me animaría a ir allá.
- Tenes razón, no se... veremos que pasa de día, notas que no se oye nada desde los pesebres? Que habrán hecho con los animales?
A unos treinta metros de allí, el cuerpo del viejo asno muerto les recordaba que no era saludable salir, por otra parte el solo ver la casilla atravesada de balazos, bastaba para estremecerlos de inquietud.

                        
- Dame un cigarrillo, pidió Sebastián
- Tomá, no sabés en cual galpón esta el bote de Norbe?
- En el dos, pero llevarlo al río no podemos
- Pero si quedó alguna burra o alguno de los caballos de servicio si
- Y si los mataron a todos?
- No creo, escuchá....
A lo lejos se oía el rebuzno inquieto de las burras y los asnos, pero no se veían de allí los corrales de los caballos, así que no sabían que había sido de ellos.
Las horas transcurrían lentas, y ya había amanecido cuando se escucho claramente el motor de una lancha.
Ambos hermanos quitaron los cerrojos y corrieron, armas en mano hacia el muelle.
A los gritos llamaron a los ocupantes de la lancha, que al ver a esos dos hombres armados aceleraron y se perdieron en una arriesgada maniobra detrás de un meandro del río.
Ambos volvieron a encerrarse en la casilla presas de la desazón, sin embargo aquella maniobra dio frutos, ya que los de la lancha habían dando parte a la prefectura y en dos horas, dos lanchas de la misma atracaban en el muelle del ECAS.

                         
Los uniformados encontraron a los hermanos encerrados en la vivienda y les costó que les abrieran, si bien los conocían como empleados del lugar, la sola vista de la cantidad de disparos que presentaban las paredes los había puesto en guardia.
Al escuchar la versión de los peones dieron parte a las autoridades que en algunas horas inundaron el lugar de investigadores y forenses.
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El saldo de aquella terrible noche fue de cinco animales muertos y con extrañas mutilaciones; les faltaban los ojos izquierdos, el pabellón auditivo, los genitales,  lenguas y otros órganos; ninguno de ellos tenía una sola gota de sangre.
Los veterinarios determinaron como desconocido el método de disección y que sin duda no podía haber sido hecho por aquellos peones, ya que demostraban un gran conocimiento anatómico y precisión quirúrgica. El único animal que parecía haber sido muerto con saña, era el viejo asno que estaba degollado pero entero, cerca de la casilla.
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Esteban y Sebastián nunca volvieron a trabajar en el Ecas, hoy día lo hacen en un establecimiento rural de Capilla del Señor, y aún se les aflauta la voz de inquietud y se le pone la piel de gallina al recordar aquellos sucesos. Nunca salen al campo desarmados y jamás lo hacen de noche.
El dueño del establecimiento remató los animales que le quedaban, ya que los mismos sufrían de gran apatía y tristeza y se negaban a comer, también terminó vendiendo finalmente el establecimiento al no conseguir peones que aceptaran quedarse en el lugar por las noches, ni siquiera a doble sueldo.
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Hoy día se desarrollan otras actividades allí, muchos de los pesebres y corrales fueron desmantelados, pero la casilla, mudo testigo de aquella terrible noche aún está allí, si bien fue reparada y pintada, una revisión de cerca permite ver los agujeros producto de aquel infernal tiroteo. Al ser consultados los peones que hoy trabajan allí, explican eso como un intento de asalto a los viejos dueños, pero no pueden explicar por que todos los disparos fueron hechos desde dentro.


                               

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