Afortunadamente la lectura sigue siendo el lugar al que retirarse de un mundo insano...
Los Cuentos de Pratt
(Historias que no son cuento...)

El Desterrado

- Créeme, es una buena oportunidad... es solo por unos meses, hasta que vea la manera de traerte de vuelta; es eso o te quedás sin laburo... Gustavo le decía esto mientras se quitaba el saco y ocupaba aquel magnífico sillón de cuero de su oficina.
Marco miraba fijamente un adorno de cristal sobre el escritorio
- Te parece? Por qué allá? No hay otros puntos donde me puedan mandar?
- Vos sabés que eso no es de mi área, contestó Gustavo, yo sólo puedo sugerir... y lo mejor que te conseguí es eso; desde que se decidió la reestructuración de personal hay muchos que se quedan en la calle, da gracias que pude convencerlos de lo que valés...
Marco no miraba los ojos de Gustavo. Recordaba sin embargo perfectamente cuando Gustavo le había suplicado que hiciera algo para conseguirle un trabajo en la compañía de comunicaciones en la que Marco era técnico. Desde el mismo momento que entró su gran verborragia y su don de gentes lo había hecho progresar en el área administrativa al punto que se había convertido meteóricamente en gerente de personal.
- Y cuándo empezaría?... con resignación y fastidio, Marco aceptaba el traslado estampando su firma en el nuevo contrato.
- Mañana mismo si tomás el micro de la tarde.
Esa noche Cecilia lo miraba con cara rara, de gesto indescifrable.
- Calmate Marco... es por unos meses, lástima que justo ahora conseguí este trabajo y no quiero dejarlo... además está el departamento; si nos vamos los dos perdemos el adelanto del alquiler y el depósito...
Marco era el típico hombre invisible. Aquella clase de persona que cuando van al colegio se sientan en las filas centrales, ni al frente como los estudiosos ni detrás como los traviesos. Para los festejos, fiestas o cumpleaños solo era invitado si tenía la suerte que alguno lo recordara o recordase su nombre, ya que con frecuencia ni sus propios compañeros recordaban su apellido. Como estudiante no era mediocre ni tampoco brillante, pero lo bastante bueno como para lograr una pasantía como técnico en una importante empresa de telecomunicaciones, en la que quedó como empleado después de recibirse.
Su vida era tan anodina como su carácter, vivía solo en un pequeño departamento alquilado y si bien era de aspecto agradable y educado, no se le conocían novias o amistades.
Hasta que conoció a Cecilia.
Una tarde caminaba por el centro cuando escuchó gritos de mujer a sus espaldas. Unos delincuentes en moto estaban asaltando a una joven, forcejeando con ella para quitarle el bolso. Sin pensarlo, actuó dándole un golpe a uno de ellos y empujando al piso al conductor de la moto. De inmediato se detuvo un patrullero y los policías redujeron a los cacos.
Así conoció a Cecilia. Ella quedó deslumbrada con su salvador y al cabo de un tiempo se hicieron novios.
Solo a partir de entonces Marco pareció brillar un poco con luz propia y salir de su ostracismo y gran timidez.
Hasta que luego de un año decidieron vivir juntos. Cecilia se encargó de conseguir un departamento mas grande que alquilaron juntos, y se mudaron a los pocos días.
Mientras tanto Cecilia consiguiera trabajo, él correría con los gastos.
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Una tarde mientras volvía del trabajo en el tren se encontró con Gustavo, un compañero de escuela que no veía desde hacía tiempo.
- Estoy en la lona, hermano... le había dicho Gustavo sin mirarlo a los ojos, perdí el laburo por un lío de polleras con mi jefe y ando en banda....
Luego de charlar un rato Marco se sentía fastidiado con el encuentro porque no tenía interés en oír lamentos ajenos, sin embargo le prometió ver que podía hacer, intercambiaron direcciones y teléfonos y Gustavo bajó dos estaciones antes que él
Tres días después al volver del trabajo se sorprendió al oír voces cuando abrió la puertas de su departamento...
- Hola mi amor... acá estoy con tu amigo Gustavo, llegó hace un rato y le serví un café mientras te esperábamos...
- Como andás querido? Le dijo Gustavo a modo de saludo.
Marco se sintió muy molesto por aquella invasión sin permiso de su ex compañero de colegio y durante la cena (Cecilia lo había invitado a quedarse) se mantuvo callado, solo le dijo que existía la posibilidad de un puesto en la administración.
- Donde sea!!!, todo viene bien...
Marco entendió que para evitar nuevas visitas sin aviso debía hacer algo, así que recomendó a Gustavo, quien gracias a eso logró entrar en la empresa.
En menos de dos años había logrado posicionarse como gerente logrando un salario varias veces superior al de Marco.
Tiempo después Cecilia decidió que quería trabajar
- Ahora que Gustavo está en personal, tenés que recordarle el favor que le hiciste, yo quiero trabajar!!!
Finalmente Marco cedió y habló con Gustavo.
En menos de una semana Cecilia había conseguido trabajo como secretaria ejecutiva.... de Gustavo.
Justo en esos días se corrió el rumor en la empresa que se pensaba reestructurar el área técnica y que varios quedarían fuera. Y así fue. Gustavo los reunió una tarde con la mala noticia
- Vos no te hagas problemas, Marco... ya me aseguré de que tengas algo, le dijo en privado.
Ese algo era un puesto en una torre de comunicaciones perdida entre las dunas a pocos kilómetros de Aguas Verdes, en la costa bonaerense. En ese lugar vivían en forma permanente dos técnicos, que tenían libres dos días a la semana, y si bien el sueldo era mas importante que el que ahora cobraba, tenía un gran problema por delante.
- Es solo por un tiempo me dijo Gusti, le confesó Cecilia, en cuanto surja algo te trae de vuelta, tené paciencia...
Siempre había sido una persona paciente, pero esto lo superaba.

                                     
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Dos días después llegaba con la camioneta de logística a la torre 7 (que así se llamaba aquel lugar) le había tocado de compañero el manco Díaz, un técnico que había perdido la movilidad de los dedos de la mano izquierda en un accidente y al que no querían indemnizar.
El lugar no era feo. Se hallaba a doscientos metros de la playa y a cinco kilómetros del Balneario de Aguas Verdes, tenían una camioneta y un cuatriciclo para moverse y la casa tenía todas las comodidades. Solo que la soledad de aquel lugar abrumaba, en septiembre ni turistas ni mucho menos locales se movían por el arenoso camino que llevaba al pueblo.
Hablaba con Cecilia todos los días. Ella parecía feliz y no demostraba extrañarlo mucho... sin embargo siempre le decía que Gustavo estaba haciendo todo lo posible por traerlo de vuelta.
El manco no tardó ni una semana en conseguir una novia en el pueblo y a los quince días decidió mudarse con ella.
- Si hay algún problema vos me llamás por el handy, yo ven
go a la mañana y me quedo hasta las tres, vos hacé lo que quieras, pero a la noche encargate de la torre, que yo me quedo en lo de la Luisa, entendés?, le había dicho Díaz sin mayor derecho a réplica.
Los días pasaban y la paciencia de Marco se resquebrajaba.
Solo cuando caminaba por la playa parecía distenderse y sentirse tranquilo, desde ella se divisaba la torre, que lucía en medio de la nada como un Cíclope, que todo controlaba... 

En aque
l páramo a veces sólo se veía un madero, o un ave... tal la abrumadora soledad en la que había sido desterrado, porque así se sentía; desterrado de sus afectos, su vida y su futuro                                                                                      
En ocasiones el
pecho se le oprimía de angustia, pensaba en Cecilia y la tranquila vida que llevaba hasta entonces y sufría.
Una tarde se sentó en la playa mientras sus ojos se perdían en el horizonte; sinti
ó sueño y se recostó en la arena, dejándose adormecer por el sonido de las olas.

Al rato despertó creyendo oír una suave melodía cantada por una fina voz femenina... abrió los ojos mientras en sus oídos se filtraba aquella dulce voz, que se oía lejana entre el viento. Se incorporó de un salto y miró hacia todos lados sin ver mas que soledad y aren
a.
- Debo estar alucinando, pensó.

Lo que no podía imaginar es que unos ojos increíblemente azules, los mas azules, bellos y húmedos ojos que jamás se hubieran
posado en un hombre estaban fijos en él...

                                              
Se levantó, sacudió la arena de sus ropas y se encaminó hacia la torre.
El manco había viajado a la Capital la tarde anterior a busca
r unos electrodos y volvió cabizbajo. No lo miraba a los ojos y le entregó las cosas que le mandara Cecilia en un bolso,
- La viste? Como está?... te dijo que me extrañaba?
Habían sorteado los turnos para viajar a buscar los repuestos y al manco le había tocado el primero, así que le encargó ir a su departamento y llevarle algunas cosas que había comprado en Aguas Verdes a Cecilia y de paso traer algunas cosas que le había pedido a ella por teléfono.
. Todo bien, Marquito, todo bien... le respondió mientras se subía a la camioneta. Me voy a lo de la Luisa, te veo mañana, pibe.
Esa noche se quedó pensando en la mirada del manco, como si hubiera querido decirle algo si atreverse. Esperó la mañana casi sin dormir para sacarse la duda preguntándole. Pero el manco no vino. Lo llamó desde el pueblo para decirle que era el cumpleaños de la nena de su novia y que se quedaría hasta la tarde.
Fastidiado, Marco se fue a caminar por la playa, único lugar donde se sentía en paz. Mientras caminaba volvió a oír aquella melodía que surgía de una dulce voz femenina. Se detuvo. La voz se oía con claridad, pero mezclada con el ruido de las olas y el viento no se podía identificar de donde provenía.
Buscó entre las dunas, en la playa... incluso mas allá de la línea de la marea, pero solo sus huellas se veían hasta el horizonte.
- Me estaré volviendo loco?, pensó.
Entre las olas, la fuente de aquella voz y dueña de aquellos maravillosos y únicos ojos azules lo miraba sin perder detalle de su espalda, sus manos y su caminar lento hacia el cíclope que se veía entre las dunas...
Al llegar, decidió contarle sus alucinaciones a Cecilia y confesarle que estaba harto, que renunciaría y se volvería a la ciudad cuanto antes.
Buscó su teléfono y descubrió que por error se lo había llevado el manco, dejándole el de él.
Tuvo que buscar en su agenda el número del nuevo celular de Cecilia y que no recordaba.
El teléfono sonó dos veces y la mujer atendió... antes que él pudiera pronunciar ni una palabra, escuchó una voz de fondo que decía:
- Dónde me pusiste los pantalones que me saqué anoche? Los dejé sobre el sofá y ahí no están...
- Hola, hola... la voz de Cecilia tapaba la del hombre.
Un rayo de dolor partió el corazón de Marco... una angustia sin nombre y una decepción única se apoderaron de su alma. Cecilia estaba con Gustavo. En su departamento. Traidores.
Marco estaba como loco... tomó su pistola y pensó en quitarse la vida, tal el dolor que no lo dejaba respirar... cuando llevaba el cañón a la sien, volvió a oír la melodía, aquel canto suave y dulce que de inmediato lo relajó, al punto de arrojar distraído su arma en la arena... ,
En ese momento llegaba el manco en la camioneta.
- Vos sabías lo que pasaba y no me dijiste nada, desgraciado, le recriminó.
- Que querés que haga, pibe... solo soy un viejo, no me gustan esos líos... todo el mundo sabía que Gustavo le había echado el ojo a tu novia, que se la iba a levantar tarde o temprano... incluso la idea de reestructurar fue de él para mandarte lejos... perdoname, pero si te lo decía se armaba el desastre... se disculpaba el manco mirando la gorra que apretaba con sus manos, mientras de bajaba un vaso de ginebra.
Marco se puso la campera y sacó el cuatriciclo a la paya. Estaba oscureciendo y partió a toda velocidad hacia el mar.
Estuvo conduciendo como loco por las dunas hasta que agotó el combustible, dejó el vehículo en la arena y siguió a pié hasta la línea de las olas. La noche ya estaba cerrada cuando se recostó en la arena con los ojos arrasados de lágrimas, angustia y soledad.
Unas manos increíblemente delicadas le estaban acariciando el rostro cuando despertó... la luz del sol de la mañana lo cegó un momento sin permitirle ver quien estaba junto a él.
Se incorporó y la vio. Primero sus increíblemente bellos ojos azules, luego el cabello del color del sol, las manos largas, bellas y finas... el cuerpo increíble, que desnudo se hallaba a su lado. Solo sus piernas eran raras, pero igualmente bellas.
Creyó alucinar... no podía ser cierta aquella sirena. Esa increíble nereida que estaba recostada junto a él
                               
                  
La dulce voz cantaba en un idioma desconocido y lo invitaba a seguirlo hacia las aguas... se incorporó y la siguió entre las olas.
A un mundo feliz donde ya nunca mas volvió a sentir angustia o soledad.
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El manco dio un grito cuando junto con la policía encontraron el cuatriciclo entre las dunas. Un rato antes habían encontrado el arma, que no había sido usada. Siguieron los pasos de Marco hasta la línea de la playa, fotografiaron sus huellas y los extraños rastros que junto a los de él, se dirigían al agua.
Luego de unos días sin que el cuerpo apareciese, se concluyó que Marco se había ahogado.

Cinco años después de la desaparición de Marco:

La historia de Cecilia y Gustavo había terminado mal, un par de años después del presunto suicidio del técnico de la torre 7, su antiguo jefe de personal había sido despedido de la empresa... corría el rumor que había intentado tener un romance con la amante del presidente de la compañía. Cecilia había quedado sola, con el tiempo había renunciado a su cargo en la empresa. Sus compañeros la trataban con extrema frialdad ya que la culpaban de la suerte de Marco. Incluso ella misma no se perdonaba aquella infidelidad.
Ese otoño los vaivenes de su vida la habían llevado al balneario de Aguas Verdes y estando allí decidió caminar por la playa hasta la torre de comunicaciones 7, donde Marco había desaparecido.
El sol de la tarde lentamente languidecía por el oeste mientras ella miraba el mar pensando en la buena persona que ella había empujado al abismo.
No imaginaba que un par de ojos increíblemente azules la miraban con indecible rencor desde las olas... y que otro par de ojos, que alguna vez la habían mirado con amor, ahora la miraban con indiferencia mientras nadaban apaciblemente en la marea....
 
 
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